domingo, 1 de mayo de 2011
La Búsqueda sin tregua
Y el día comenzó con un aire diferente, como si hubiese recuperado algo del pasado, algo que formaba parte de él y que le daba por fin las señas de identidad que tanto tiempo había estado buscando...
Todo comenzó cuando cientos de familias pusieron denuncias porque sospechaban que sus bebés habían sido robados al nacer en los años sesenta y setenta del siglo pasado. En realidad, para Eugenio había comenzado mucho antes, exactamente al cumplir los 16 años, cuando una epidemia que hubo entonces hizo que los médicos prepararan sangre por si los enfermos necesitaban transfusiones. Eugenio fue uno de los afectados, pero su grupo sanguíneo no correspondía ni al de su madre ni al de su padre. Eugenio tenía un grupo considerado rarísimo y no se pudo conseguir ninguna reserva para él. Por suerte sus defensas junto a los medicamentos administrados fue suficiente y el muchacho se recuperó sin dejarle ninguna secuela.
El hecho de lo sucedido durante su enfermedad, puso la mosca detrás de la oreja de Eugenio y comenzó a observar los parecidos que tenía con sus progenitores y hacer de forma casual algunas preguntas. No quería herir la sensibilidad de su madre y aunque la duda había enraizado en su interior, no podía exteriorizarlo, al menos hasta conseguir alguna prueba que aclarara un poco lo que había nacido dentro de él y que le hacía sentirse bastante inseguro.
Eugenio, creció como hijo único de una familia bastante tradicional y con posibles más que suficiente, como para haber tenido siempre todo lo que se le había antojado y poder cursar estudios en los mejores colegios de España. Podríamos decir que era lo que muchos llaman un niño de papá. Un soltero de oro codiciado por muchas jóvenes de la alta sociedad de Castilla. Sus estudios superiores los realizó fuera del país, como mandan los cánones en las familias de buena posición económica...
Su padre. era uno de los mayores empresarios del país y su madre, una mujer delicada, que se pasaba la vida entre desfiles de moda y presidiendo mesas de la Cruz Roja o de ayuda para el cáncer... Eugenio, a quien más preguntaba sobre su niñez, era a la tía Pura, hermana de su padre, una mujer alegre y con fama de no tener pelos en la lengua. La misma que siempre había sido la rebelde de la familia o la oveja negra, como solía decir su padre. Pero sus preguntas tuvieron pocas respuestas: Sólo sacó en claro que su madre no podía tener hijos cuando se casó y un eminente doctor en Madrid, la puso en tratamiento y logró quedarse embarazada. Él había sido un niño engendrado con mucho esfuerzo y que vino a la familia como una bendición del cielo...
Eugenio, acababa de regresar con su reluciente licenciatura bajo el brazo, cuando su padre, murió de un ataque cardiaco fulminante. El hombre recto y serio, no le dio tiempo ni de despedirse de los suyos, aunque en realidad siempre había sido parco en palabras y un desconocido incluso para su familia...
En los días de dolor que siguieron al fallecimiento del cabeza de familia, Eugenio tuvo la oportunidad de ver el libro de familia y comprobar que figuraba como hijo nacido de Miguel y Amalia, que era los nombres de pila de los padres que siempre había conocido. Quizás su preocupación no tenía base y veía fantasmas donde todo era claro como un día de primavera, pero en su interior algo le seguía removiendo las tripas y le animaba a proseguir preguntándose por esas diferencias tan significativas que tenía con ellos...
Dejó pasar el tiempo y se dedicó a encauzar su vida y comenzar a hacerse cargo de los negocios familiares...
La noticia saltó a la prensa y a la televisión a gran escala y en pocos días eran muchas las familias que habían denunciado el caso de sus bebés robados.... Niños y niñas que ahora tendrían su edad y que desconocían que no eran hijos de los que siempre habían considerado sus padres o pensaban que habían sido abandonados al nacer y el miedo no les dejaba investigar...
En los programas especiales de televisión, vio a padres angustiados pertenecientes a todas las regiones de España y en las entrevistas que les hicieron, surgió en muchas ocasiones el nombre del eminente doctor que le había comentado su tía Pura, que ayudó a que él viniera al mundo, así como el nombre de la clínica que dirigía y que no por casualidad era donde él nació...
La noche se la pasó en vela dando vueltas en la cama. Por la mañana, sin saber por qué, se dirigió a la Asociación que habían nombrado en uno de los citados programas. Allí, expuso sus dudas y esa contradicción con la sangre de sus padres... Explicó que no era adoptado, pero que desde lo más profundo de sus adentros, algo le había dicho siempre que buscara... En dicha Asociación, le hicieron pruebas de ADN, para compararlas con todos los casos denunciados en España y quedaron que al día siguiente llevaría algunos cabellos de su madre, para sacar de ellos también el ADN y así poder disipar las dudas que lo habían embargado durante demasiados años...
En pocos días lo llamaron por teléfono para que volviera a la sede de la Asociación, porque ya estaban los resultados de los análisis. Quedó en acudir a las cinco de aquella misma tarde...
Eugenio, se quedó mirando a la frágil Amalia, la mujer que lo había parido o la que lo había criado y cuidado siempre con cariño y se decidió a plantear el tema... No sólo plantearlo, le contaría todo y así le daría la oportunidad de explicarse, si es que tenía algo que decir, antes de acudir a la cita que aclararía por fin su vida... La blanca y delgada Amalia, aún palideció mucho más, cuando escuchaba a su hijo y todos los pasos que ya había dado sin que ella lo advirtiera... La mujer no le quedó otro remedio que confesar algo que su marido y ella, habían jurado llevarse a sus tumbas y que jamás contarían a nadie....
Amalia comenzó a contar como el doctor amigo de su marido, les animó a adoptar a un niño. Más adelante, les propuso que si ella fingía estar embarazada durante nueve meses, podría tener un hijo de ellos, que contaría y estaría inscrito como hijo legítimo y biológico del matrimonio. Según explicó el buen doctor, eran hijos de chicas que no querían o no podían hacerse cargo de ellos y habían dejado en sus manos la tarea de buscar a los bebés buenos hogares de familias unidas y con medios suficientes como para poder sacarlos adelante sin estrecheces. Miguel y Amalia, aceptaron el trato y cuando llegó la hora del parto, ellos también ingresaron "para que diera a luz Amalia". Así fue como salieron de la clínica con un precioso hijo varón, al que llamaron Eugenio. Miguel y Amalia, también se preocuparon de dejar trescientas mil pesetas de las de entonces, para que fueran entregadas a la verdadera madre como ayuda.
Llegó la tarde y Eugenio acudió a la cita, pero en esta ocasión también le acompañaba Amalia, que mostró entusiasmo en ayudar a su hijo a encontrar y conocer a sus verdaderos padres.
Lo que Eugenio no pudo ni imaginar, es que en la Asociación esperaban un matrimonio, tres chicas y un chico, que resultó ser sus padres y sus hermanos verdaderos. Gente sencilla de Santander, que habían viajado expresamente para conocer a su hijo, nada más tuvieron conocimiento del caso y el cien por cien de coincidencia en los análisis de ADN ...
Esta familia, ya estaba formada cuando Eugenio nació. No era una mujer sola y soltera la que había dado a luz, sino una mujer casada y que ya tenía otros dos hijos. A los padres verdaderos le dijeron que el niño había nacido muerto y que la clínica se encargaría del entierro y de todos los trámites y gastos. El padre insistió en ver al bebé y le presentaron uno que luego supo que tenían en un congelador para aquellos progenitores que no se conformaban con la palabra del médico.
Por supuesto, jamás recibieron dinero ni otra cosa que un informe contradictorio de la clínica, una tumba vacía y un sin vivir que hizo que jamás cesaran en la búsqueda de ese hijo perdido.
Eugenio, se encontró con una familia grande y maravillosa. Ahora tenía dos madres, un padre, cuatro hermanos y un montón de sobrinos, que rellenaron todos esos huecos que tenía vacío en su interior. Por fin tenía las respuestas y encajaban todas las piezas del puzzle de su vida.
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lunes, 18 de abril de 2011
Lamentable equivocación

Cuentacuentos.-
Lamentable equivocación
La complicidad se asomaba a sus ojos; “no dejarían pasar aquella oportunidad” ¿O sí...? La cuestión es que una pareja es cosa de dos y para nada vale la buena voluntad de uno de los miembros, si el otro no está dispuesto a mover ficha o es demasiado tímido o vacío para lanzarse al ruedo, como se suele decir. También hay que tener en cuenta que a los humanos nos es fácil equivocarnos, sobre todo en lo concerniente a los sentimientos en el amor....
Es cierto que parecían vivir en una nube, donde las sonrisas y las miradas delataban esa complicidad de la que tanto presumían. No necesitaban hablarse para comprenderse o para coincidir en los puntos de vista. También es cierto que salían siempre el uno en defensa del otro sin reserva. A veces, hasta parecía que se leían los pensamientos y eso lo palpábamos todos los que estábamos en su grupo de amigos. Dudábamos si eran dos o uno sólo en dos compañeros, porque a veces chocaba que la opinión de uno de ellos, fuera para el otro el evangelio, sin meditar siquiera las otras opciones vertidas en cuestiones concretas, que eran decisivas para toda la peña.
Lo que en verdad nos tenía a todos desconcertados era que dos personas tan diferentes de forma de ser, al menos hasta ese extraño enamoramiento, se hubieran vuelto tan iguales; máxime cuando antes no se tenían demasiado aprecio que digamos y eran como el día y la noche de distintos...
El hecho de aquel “amor inesperado” nos había cogido desapercibido a la mayoría y no terminábamos de encajar la situación (aunque siempre se ha dicho que los polos opuestos se atraen y en este caso se cumplía con exactitud).
No sé en qué momento tuvieron la oportunidad de conectar a solas. Yo misma, me había pasado un tiempo queriendo llamar la atención de Mario y nunca conseguí que me viera diferente a otras de los miembros de la pandilla.
Mario, era el típico chico interesado en todo lo que le gusta a los hombres y jamás estaba dispuesto a participar en nada que lo hubiese preparado una mujer (si es que no era arrastrado a ello por los amigos masculinos). Era el típico chaval dispuesto a poner el hombro y a acompañar a una juega a todos los compañeros varones que sufrían desengaños. A las chicas, en general, parecía no entenderlas. Casi se podría decir (o daba la impresión) que se había llevado una gran decepción en el pasado y que no se fiaba para nada del género femenino....
Patricia en cambio, era una chica que aparentaba estar un poco vacía y pija hasta la saciedad. Ella demostraba no estar interesada en nada que estuviera fuera de la moda, fiestas, conciertos o en ser la más popular dentro del Campus. Siempre aparecía seguida de un séquito de admiradoras que querían parecerse a ella. Claro está que sus padres podían permitirse darles todo lo que a la “niña” se le antojaba y siempre se adelantaba o era la primera en lucir o disfrutar de lo último....
Quizás sea verdad ese dicho de que “pueden más dos tetas que dos carretas” y Patricia tenía dos buenas razones de silicona. Dos buenas “domingas”, que es en definitiva era lo que obnubilaba a todos los hombres...
Patricia y Mario, fue la primera pareja que se formó dentro de los muros estudiantiles y eso hizo que el grupo de amigos, que habíamos logrado conectar desde el primer día, se resintiera en parte, separándose un poco. Nuestros protagonistas, ni siquiera lo advirtieron. Estaban demasiado ocupados en hacerse carantoñas para darse cuenta de nada más.
Al año siguiente, yo obtuve una beca en una universidad de Canadá y nunca más supe de ellos, hasta esta mañana, que al leer la prensa, venía en primera página un crimen pasional, donde el hombre “Mario”, había matado a su mujer “Patricia”, cortándole el cuello y luego se había quitado la vida de un disparo en la cabeza.
Parece que la complicidad pasó dejando al descubierto esas diferencias y verdades desnudas, que todos conocíamos. Todos menos ellos, que terminaron sin querer, con la buena onda de la panda, produciéndose un lógico alejamiento.
Quizás es que todos presentíamos lo que iba a ocurrir y nos daba miedo estar presente cuando se cayeran las vendas de Cupido...
No crean que soy insensible o inhumana. Me los hacía felices, titulados y separados. Nunca imaginé que no supieran cortar a tiempo...
Mario y Patricia, no quisieron advertir que lo que ellos llamaban complicidad, no era otra cosa que un montón de hormonas juveniles y recalentadas, danzando alrededor del fuego de la pasión e hicieron suyo ese dicho que dice: “Genio y figura, hasta la sepultura”, que supieron cumplir a rajatabla...
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sábado, 9 de abril de 2011
Cuentacuentos "El grito de los olvidados"
El grito de los olvidados
Contó hasta tres y desapareció. Solía hacer eso mismo siempre que se veía en apuros. Era algo que había aprendido por casualidad cuando era muy pequeño y se encontraba en el internado.
Miguel, era un chico de apariencia normal, que se dedicaba a la ebanistería. Un oficio que le enseñaron entre palos y castigos, detrás de los muros de aquella olvidada institución, creada cien años antes de que él naciera y que había acogido desde entonces a esos niños que como él, eran encerrados y olvidados. Niños que incomodaban a la sociedad por haber sido frutos de amores prohibidos y clandestinos o porque nacieron con algún defecto y los padres prefirieron tenerlos a buen recaudo, para que nunca nadie supiera de su existencia. Niños que sus propios progenitores habían enterrado en vida y borrado sus recuerdos para siempre.
Aquel terrorífico lugar era el único hogar que había conocido Miguel, un superviviente, gracias a esa facultad de desaparecer justo en el momento oportuno. Jamás nadie de los que dirigían el orfelinato, se sintieron amenazados por aquel chiquillo de carácter apacible y con el don de no estar jamás en un lugar equivocado o comprometido. Debido a esas circunstancias y a saber tener la boca bien callada, pudo sobrevivir ante tanta crueldad y miseria como guardaban aquellos ojos grises, tristes y misteriosos.
A esas facultades detalladas anteriormente se unía que desde siempre había sido el mancebo del director del centro. Miguel no recordaba cuando comenzaron los abusos hacia su persona. Cuando tuvo uso de razón, ya era tocado y sodomizado casi todas las noches por el director del orfanato. No podía borrar de su boca, de su cuerpo ni de su cabeza el olor a alcohol, sudor y otros flujos del gordo director, que aunque siempre había sido su agonía, también podía decir que fue su salvación para haber escapado de allí con vida...
Hacía tres años que trabajaba en la carpintería del hermano del citado director del Santo Ángel, nombre que reflejaba bien poco los terribles crímenes y abusos que sufrieron durante más de un siglo, niños que no supieron pasar desapercibido como el protagonista de esta triste historia. Miguel, había sabido callar durante diecinueve años y lograría estar así todo el tiempo que fuera necesario hasta que dejaran de vigilarlo estrechamente y se sintieran confiados en que él seguía sin representar ninguna amenaza para nadie.
Dentro de su desgracia, se sentía un gran privilegiado, ya que con él, eran dos los chicos que habían logrado salir con vida de aquellos muros al alcanzar la mayoría de edad. El primero en lograrlo, estaba preso, pues nada más salir, se convirtió en un inhumano sicario, copiando lo que para él había sido cotidiano desde el día de su nacimiento. Lograron hacerlo una máquina de aniquilar a todos los que estorbaban y ahora era tan asesino como sus propios verdugos. Pero Miguel, no había perdido la cabeza ni se sentía culpable de esos horrendos asesinatos. Él se mantuvo cuerdo gracias a la promesa que hizo a sus únicos amigos, que murieron destrozados en sesiones de pedofilia, organizadas por los regentes de la institución y donde participaban personas poderosas e influyentes, que si supieron siempre lo que ocurría detrás de aquellas paredes y que en muchas ocasiones habían sido los ejetutores de aquellas tiernas e inocentes personitas, utilizándolos como objetos en sus macabras perversiones.
Esos sujetos de importantes posiciones, sus caras y sus nombres, permanecían intactos en la cabeza de Miguel, cuyo único fin que esperaba de la vida, era desenmascararlos ante toda la sociedad y hacer público lo que allí ocurría... No sólo se lo debía a sus amigos muertos y a él mismo, sino a ciento catorce niños, que seguían encerrados en aquel infierno y que él se sentía el elegido para su liberación...
La vida que Miguel llevaba fuera del internado era de lo más normal, trabajaba, veía la televisión, oía mucho la radio e incluso había ido al cine en algunas ocasiones, demostrando de este modo a sus controladores, que no era nadie que los pudiera perjudicar o comprometer... Lo que no sabían era que lo único que buscaba y esperaba Miguel, era el tiempo justo y la persona idónea que le pudiera ayudar a sacar todo a la luz...
Fue de este modo como dio conmigo. Yo soy una periodista dedicada a la radio desde mis comienzos. Una mujer que siempre ha luchado contra la injusticia y así lo he reflejado en cada programa que he realizado en los quince años que llevo de profesión.
Un día, que parecía que iba a transcurrir normal, recibí una llamada privada al programa, pidiendo por favor no salir a las ondas, por ser un caso sumamente delicado. Al principio pensé que se trataba de algún chalado, pero la curiosidad periodística pudo con la lógica de la razón y me puse al auricular, donde al otro lado de la línea comenzó mis charlas con Miguel, diciéndome que podía informarme de algo que me haría la periodista más famosa del momento... Un caso muy delicado que habría que estudiarlo a fondo. En honor a la verdad, ese primer contacto confirmó la hipótesis de que era un loco más de tantos como andan sueltos por el mundo. Sobre todo, porque no me daba nombres, teléfonos ni nada que pudiera corroborar que lo que decía era verdad, pero mi interés profesional, mi curiosidad humana y supongo que un poco el destino que todos tenemos, me hizo aceptar recibir en la dirección de la cadena, cartas a mi nombre, explicando poco a poco la cuestión. No podría contestar los escritos. Sería Miguel siempre el que llamaría o escribiría hasta saber que no se había equivocado al elegir a la persona...
Aquellas cartas y llamadas duraron más de un año y lo que allí se contaba hizo que yo pudiera poner en marcha un equipo de investigación, que ha dado como resultado la detención de todo el personal del centro, el cierre del mismo, el encarcelamiento de muchas de las personas del más alto nivel dentro de la sociedad, de fuera y dentro de la ciudad y la liberación de más de cien criaturas que estaban condenadas sin remedio...
A Miguel y su nombre real no pude conocerlo hasta que él estuvo bien convencido de que yo estaba dispuesta a destapar todo este sucio asunto.
Una vez terminado el proceso y desenterrados miles de cadáveres de niños, en el lugar que él había indicado, quise brindarle mi ayuda, tanto de amistad, como para que fuera tratado por profesionales que le ayudaran a superar todo lo que por desgracia le había tocado vivir, pero no aceptó. Un día desapareció, hace ya cinco años y nunca más he vuelto a saber de él. No sé si se encuentra con vida ni si está fuera o dentro del país. Es como si se lo hubiera tragado la tierra....
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lunes, 4 de abril de 2011
Cuentacuentos.- "El lenguaje de los ojos"

Cuentacuentos.-
Nunca antes había visto una mirada como la del tuareg que tenía enfrente en ese momento. Ojos negros, profundos, que parecían recorrer cada rincón de mi cuerpo sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. No sólo era aquella mirada penetrante. Era sus modales, su forma de vestir, el conocimiento que parecía tener de todo aquel misterioso paraje... Era un pirata del desierto y siempre me habían atraído los piratas y más si eran árabes y nómadas...
A la mañana siguiente, al despertar antes que el resto del campamento, vi su cabello semejante a las ondas que hacen las dunas en el desierto, pero de un negro azabache tan atractivo y oscuro como su mirada. No me pude contener y enredé aquellos brillantes rizos entre mis dedos. Él besó mis manos y echamos a andar por aquella arena roja, olvidando al resto del equipo que nos acompañaba. No recordé que también iba en el grupo mi marido hasta años más tarde... Pero yo seguía perdida en aquella interminable mirada que me dominaba por completo.
Jamás hemos entendido una palabra el uno del otro, pero tampoco ha habido nada que decir ni que comprender, que no lo pudieran expresar los ojos, las manos y las sonrisas...
Quizás lleven buscándome todo este tiempo, pero aún soy esclava de una mirada negra como el carbón, que ilumina mi vida como dos candiles encendidos, como dos luceros en la noche, que alumbra mi camino y mis sentidos.
Nunca he sido tan libre y tan presa a la vez. Nadie jamás podrá despertar mi cuerpo como lo hace esos maravillosos ojos sin los que ya no podría vivir...
Nada soy ni quiero ser, sin esa mirada que me traspasa y me subyuga hasta el frenesí...
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sábado, 26 de marzo de 2011
¡¡Curry no por favor!!
La casa se inundó de un olor a arroz con curry y ese terrible aroma y el sudor producido por la bajada de la fiebre, me hizo volver a la realidad, con la misma pesadez que si hubiera corrido veinte kilómetros sin parar...
Ese sábado, me había despertado con la sensación de miles de alfileres clavados por todo el cuerpo, con alguien sentado dentro de mi cabeza tocando un enorme tambor, la cara hinchada sin poder respirar ni por la boca ni por la nariz, los ojos llorosos y salidos de sus órbitas y un terrible frío que se me calaba dentro de los huesos, en especial en la espina dorsal. Cuando abrió los ojos a mi lado mi marido y vio la situación en la que me encontraba, se abrazó a mi espalda y comenzó a besar mi nuca y mis hombros mientras repetía “no sabes cuanto lo siento, pero ya te dije que terminaría contagiándote la gripe y tú te creías inmune a ella, porque hacía cinco años que no te pillaba,,,” Y continuó diciendo: "Pero no te preocupes de nada. Aquí estoy yo que te cuidaré y te daré muchos mimitos para que se te haga leve". Dio un salto de la cama y salió del dormitorio, regresando al poco rato con un gran vaso de zumo de naranja recién exprimidas, una tostada con mantequilla, un café con leche y una pastilla de paracetamol en la mano.
-¡Venga! Tienes que comer algo para poder tomarte el analgésico y ya verás como te pones mejor!!
Como pude, me incliné y me tomé el zumo de naranja, un poquito de café y el calmante; la tostada no se me apetecía y aunque él insistía, le hice comprender que comerla sin ganas me sentaría mal. Él se encargó a continuación de arroparme bien mientras me decía que durmiera un rato y así me haría efecto la pastilla. Además, me tranquilizaba diciendo "por la casa no tengas cuidado, porque ahora mismo me pongo manos a la obra y la voy a dejar limpia como una patena".
Debí dormirme rápidamente y así estuve, hasta que me despertó el olor a arroz con curry y el sudor, que me tenía toda empapada.... Me destapé con desespero y si, el analgésico había hecho su efecto y me encontraba mal, pero bastante mejor que dos horas antes. Con mucho cuidado, cogí el teléfono de la mesilla y marqué el número de mi madre...
-Dígame -contestaba mi progenitora al otro lado de la línea.
-Mamá, estoy enferma. Tengo la gripe "creo" y necesito tu puchero. Es cuestión de urgencia, porque Ricardo ha hecho arroz con curry, sin saber que es la comida que más odio en el mundo. Ha sido con su mejor intención y queriendo cuidarme con todo mimo, no quisiera tener que decirle que eso no puedo comérmelo yo ni aunque estuviera buena.
- Ya sabes que los sábados siempre hago puchero y ahora mismo te llevo una buena olla con bastante yerbabuena -me dijo mi madre con la dulzura que la caracteriza.
- Pero que no sepa Ricardo que te he llamado yo -le insistí con vehemencia; no quiero por nada en el mundo que se sienta ofendido.
- No te preocupes, que ya conoces los dotes de actriz que tengo -añadió mi madre burlonamente..
Efectivamente, no había pasado ni media hora, cuando sonó el timbre de la puerta y pude oír la voz de mi madre sorprendiéndose de que estuviera enferma. Mi marido le decía con voz susurrante "espere un minuto, que voy a ver si sigue dormida".
Abrió con sumo cuidado la puerta de la alcoba y en ese momento repetí yo el destape desesperado que hice nada más despertarme por el olor a arroz con curry...
-Entre Elvira, que si se acaba de despertar -indicaba Ricardo a su suegra, mientras se disculpaba conmigo.
-No, ya estaba despierta, porque tengo mucha calor. - Eso es que te ha bajado la fiebre cariño -dijo Ricardo mientras me ponía la mano en la frente.
-Llámalo instinto maternal, pero cuando anoche hablamos por teléfono, te noté la voz tomada y cuando he terminado de hacer el cocido he pensado que te vendría bien un caldito y he venido a traerte una olla con yerbabuena, como a ti te gusta.
-¡Oh mamá! Eres un sol, porque precisamente eso es lo que me pide el cuerpo.
-No se tenía que haber molestado Elvira, he preparado el plato que más me gusta y que hacía muchísimo tiempo que no comía -arroz con curry, puntualizó Ricardo relamiéndose de gusto.
-No lo he probado nunca, pero debe de estar buenísimo por como huele toda la casa -Dijo mamá a su yerno.
-Yo no huelo ¿Pero te molestaría que yo comiera el pucherito de mi madre?
-Claro que no Elia. Lo he hecho para que comieras algo rico, pero a mi me encanta y no me importa repetir a la noche y mañana si sobra...
-Ya que yo no voy a comerlo, le podrías dar a mi madre un plato para que lo pruebe.
-desde luego que si. Siempre me ha salido muy bueno, aunque desde que me casé no lo he hecho ¿Quiere quedarse a comer con nosotros Elvira? -Dijo sonriente Ricardo, esperando que alguien probara lo que él consideraba su estrella culinaria.
-No hijo, me está esperando toda la familia para comer. Mi hijo mayor y su mujer también irán a casa y no es plan de que yo falte....
-Pues ahora mismo le preparo un taper y ya me dirá si le ha gustado.
-Si, luego te llamo y te diré si eres o no buen cocinero...
La olla del puchero de mamá era bien grande y tuve comida todos los días que duró mi molesta gripe. Los mismos que Ricardo, estuvo disfrutando de su arroz con curry, que espero que lo haya hartado por otra buena temporada.
Mi madre alabó el arroz de Ricardo y le dijo que tendrá que hacerlo cuando vayamos al campo, para que lo prueben todos los demás.... Una idea estupenda, porque también suele haber barbacoa y yo no tendré que comer curry, porque es el curry lo que no me gusta; el arroz si, pero en paella, sopa, con conejo, con pollo, etc....
Ya le contaré a Ricardo que odio el curry, pero lo haré en otra ocasión más oportuna. Ahora quiero seguir sintiéndome mimada como una niña pequeña...
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domingo, 20 de marzo de 2011
Cuentacuentos "La lucha por la libertad de elección"
Cuentacuentos.-La lucha por la libertad de elección
"Tras varios días de espera, decidió reanudar la marcha sola".
Las cosas no eran igual a principio de los años sesenta. Entonces las mujeres se preparaban para ser madres y esposas y nadie pensaba que pudieran tener otras aspiraciones en sus vidas. Eso le ocurrió a mi madre y a su hermana, mi tía, que era una mujer de mucho carácter y que nunca estuvo dispuesta a ser tratada de forma diferente a sus hermanos varones. A ellos si se les animaban a estudiar en la universidad y se les hacían saber con frecuencia lo orgullosa que se sentía toda la familia de que llegaran a ser unos buenos abogados, médicos, ingenieros, etc....
No, mi tía Cecilia, no sentía ninguna vacación de esposa abnegada y sacrificada. Ella quería estudiar una carrera de Ciencia y estaba dispuesta a todos los sacrificios necesarios con tal de lograrlo. Nadie en casa la comprendía. Todos opinaban que para qué iba a perder el tiempo, si cuando tuviera hijos tendría que aparcar sus estudios o su trabajo. En realidad a nadie le preocupaba que fuera una persona mucho más inteligente que sus hermanos varones y que lo único que impedía realizar su sueño era haber nacido con el sexo femenino.
Mi tía era todo lo contrario que su hermana Marta, que era mi madre. Una mujer dulce, que necesitaba ser guiada y que nunca expresaba una opinión distinta a la de su padre, marido o hermanos. Ella si tenía muy asumido su papel de mujer de su tiempo y encontraba lógico que el hombre estudiara, trabajara y buscara el sustento de la familia y ella se encargara de parir, educar a sus hijos y mantener el hogar unido, con la comida a sus horas y toda la ropa lista, lavada y bien planchada. Mi madre era y es de las que repite frecuentemente que un hogar no es hogar si la madre trabaja y no está en casa cuando regresan el marido y los hijos...
Todo un año estuvo mi tía Cecilia, tratando de convencer a su hermana, para que ambas se fueran a Francia, donde podrían estudiar y labrarse un futuro sin tener en cuenta su sexo. Sus argumentos eran muy válidos, ya que por aquel entonces, ninguna de las dos tenían novios y nadie sabía lo que sería el futuro... Mas cuando una mujer que llegaba a los treinta años sin casarse, ya era considerada una solterona y el sello la condenaría a quedarse sola o a casarse con algún viudo, que más que necesitar una mujer, lo que buscaba era a alguien que le cuidara la casa y le criara a los hijos que habían quedado huérfanos de madre.
Así fue como las gemelas Cecilia y Marta, tomaron caminos distintos en la vida. Hasta los dieciocho años, las dos habían estado siempre juntas, pero al mismo tiempo, nunca hubo nadie más distanciadas que ellas en realidad. Mi madre conoció ese año al que sería mi padre. Se hicieron novios y se casaron justo tres años más tarde. Hoy llevan juntos la friolera de cuarenta y siete años casados y francamente siguen siendo un matrimonio envidiable....
Mi tía Cecilia, marchó sola a París, donde estudió su ansiada carrera y donde se estableció como una eminente química. Nunca se casó y se deshace en regalos y muestras de cariño con nosotros sus sobrinos. Lo curioso del caso es que cuando se reunen en Navidad y verano, mi madre sigue pensando exactamente igual y no cambiaría nada de su vida y en cambio mi tía, repite con mucha frecuencia que daría todo lo que tiene por tener una familia como la de mi madre. Bastante curioso ¿Verdad...?
Hoy, pienso muchas veces en las diferencias que hay entre mi tía y mi madre y lo que saco en conclusión es que ambas son muy loables y las dos tienen razón. Lo importante es saber respetar lo que necesite cada persona sin imposiciones ridículas.. Quizás si el hecho hubiera ocurrido ahora, mi tía no seguiría soltera y podría tener su propia familia. Pudo vencer muchas dificultades, pero no pudo encontrar a ningún hombre de la época, que quisiera casarse con una mujer que estaría más tiempo fuera que dentro de casa y que seguramente cobrara más que él. Pero esto es otra historia....
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sábado, 12 de marzo de 2011
Cuentacuentos.- "Como el Ave Fénix"

De repente un día, todo comenzó de nuevo....
Y es que después de una larga ausencia por motivos laborales, me pasé por lo que consideraba mi casa y el lugar más especial del mundo virtual, donde cada semana fluía la magia de historias maravillosas y de amistades reales y auténticas, que daban calor a la red. Comentarios llenos de admiración y un foro humano, donde muchos de los cuentacuentos se refugiaban y compartían gustos, penas y alegrías. Muchos de ellos, incluso se habían conocido en persona, estableciendo lazos de amistad bastantes más fuertes si eso era posible...
No lo podía creer, el sitio estaba solitario. Podría decirse que desértico... Puse algunos comentarios, comprobando los días siguientes que nadie los había leído. El rincón, se había convertido en un lugar fantasmagórico donde sólo vivían los fantasmas de los protagonistas de las infinidades de historias publicadas. Historias de todo tipo, que habían surgido a partir de una frase y que se podían leer pulsando en el enlace de cada uno de los escritores participantes.
Por cierto ¿Qué ha pasado con el Señor de las Historias? ¿Se habrá cansado de esperar a los cuentacuentos o es él el que ha desaparecido o le ha ocurrido algo? Esas preguntas también me inquietaron sobremanera, porque un tiempo atrás, hubiera sido impensable que se hubiese rendido así como así.....
La añoranza me hacía entrar de vez en cuando en la página Web, pero todo seguía triste y en silencio. Hacía mucho tiempo que nadie añadía ni un triste comentario ni una simple felicitación, cosa que era costumbre hacer en los cumpleaños de todos los miembros. Pero un día, así de repente, como suelen pasar las cosas buenas y malas, recibí un mensaje de un antiguo compañero cuentacuentos. El mensaje decía litaralmente: “Ya se que no debería permitirme tanta licencia, pero llevo días dándole vueltas a la cabeza, pensando en que el cuentacuentos está muy parado y hace muchos martes que no hay frases inspiradoras... En este asunto no hay culpables. Es como si el mundo de Peter Pan muriese de un día para otro, pero quedase siempre una campanilla de esperanza para resucitarlo. Justo hoy me he encontrado un enlace de Jara que habla de reactivar el foro y con ello a ver si damos ánimo y vidilla al Sdlh y reavivamos la magia”.
Por fin una respuesta a algunas de mis preguntas. Entré en el enlace que añadía al final del mensaje y “voila”, allí estaban algunos de mis antiguos compañeros, dispuestos a que resurgiera el mundo fantástico de los cuentos. Curiosamente eran algunos de los primeros que formamos parte de este precioso proyecto y que se ve que no estaban dispuesto a que se apagara la campanilla que había olvidado Peter Pan. Gente que como yo, tenía mucha nostalgia, al ver en penumbra la página que nos tuvo en vela más de una noche, bien leyendo grandes historias o participando en el foro intensamente.
Volví para publicar mi pequeña historia, igual que lo había hecho muchas veces y no pude evitar que se me humedecieran los ojos, porque alli estaban publicadas un montón de historias, de compañeros que había leído en multitud de ocasiones y de otros que ni siquiera conocía, pero que le iba a poner remedio de inmediato, en cuanto leyera su cuentos y les comentara lo que me había parecido. El foro también había resurgido tímidamente, pero con tantos mensajes de cariño, que ahora estaba segura de que elcuentacuentos.com era mucho más que una página web. Allí había muchos corazones latiendo al unísono. Era y es lo que consideramos nuestro punto de referencia en la red. Nuestra casa en una palabra...
Muchas gracias a Jara, por tomar la iniciativa de inyectar nuevas ilusiones. Y por supuesto a Andrés (Mundoyas), que fue la persona que me puso el mensaje....
Para leer muchas más y buenas historias que comienzan con la frase “De repente un día, todo comenzó de nuevo”, sólo tienen que clicar en el siguiente enlace: http://www.elcuentacuentos.com/


