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domingo, 1 de mayo de 2011

La Búsqueda sin tregua

El cuentacuentos.-

La búsqueda sin tregua

Y el día comenzó con un aire diferente, como si hubiese recuperado algo del pasado, algo que formaba parte de él y que le daba por fin las señas de identidad que tanto tiempo había estado buscando...
Todo comenzó cuando cientos de familias pusieron denuncias porque sospechaban que sus bebés habían sido robados al nacer en los años sesenta y setenta del siglo pasado. En realidad, para Eugenio había comenzado mucho antes, exactamente al cumplir los 16 años, cuando una epidemia que hubo entonces hizo que los médicos prepararan sangre por si los enfermos necesitaban transfusiones. Eugenio fue uno de los afectados, pero su grupo sanguíneo no correspondía ni al de su madre ni al de su padre. Eugenio tenía un grupo considerado rarísimo y no se pudo conseguir ninguna reserva para él. Por suerte sus defensas junto a los medicamentos administrados fue suficiente y el muchacho se recuperó sin dejarle ninguna secuela.
El hecho de lo sucedido durante su enfermedad, puso la mosca detrás de la oreja de Eugenio y comenzó a observar los parecidos que tenía con sus progenitores y hacer de forma casual algunas preguntas. No quería herir la sensibilidad de su madre y aunque la duda había enraizado en su interior, no podía exteriorizarlo, al menos hasta conseguir alguna prueba que aclarara un poco lo que había nacido dentro de él y que le hacía sentirse bastante inseguro.
Eugenio, creció como hijo único de una familia bastante tradicional y con posibles más que suficiente, como para haber tenido siempre todo lo que se le había antojado y poder cursar estudios en los mejores colegios de España. Podríamos decir que era lo que muchos llaman un niño de papá. Un soltero de oro codiciado por muchas jóvenes de la alta sociedad de Castilla. Sus estudios superiores los realizó fuera del país, como mandan los cánones en las familias de buena posición económica...
Su padre. era uno de los mayores empresarios del país y su madre, una mujer delicada, que se pasaba la vida entre desfiles de moda y presidiendo mesas de la Cruz Roja o de ayuda para el cáncer... Eugenio, a quien más preguntaba sobre su niñez, era a la tía Pura, hermana de su padre, una mujer alegre y con fama de no tener pelos en la lengua. La misma que siempre había sido la rebelde de la familia o la oveja negra, como solía decir su padre. Pero sus preguntas tuvieron pocas respuestas: Sólo sacó en claro que su madre no podía tener hijos cuando se casó y un eminente doctor en Madrid, la puso en tratamiento y logró quedarse embarazada. Él había sido un niño engendrado con mucho esfuerzo y que vino a la familia como una bendición del cielo...
Eugenio, acababa de regresar con su reluciente licenciatura bajo el brazo, cuando su padre, murió de un ataque cardiaco fulminante. El hombre recto y serio, no le dio tiempo ni de despedirse de los suyos, aunque en realidad siempre había sido parco en palabras y un desconocido incluso para su familia...
En los días de dolor que siguieron al fallecimiento del cabeza de familia, Eugenio tuvo la oportunidad de ver el libro de familia y comprobar que figuraba como hijo nacido de Miguel y Amalia, que era los nombres de pila de los padres que siempre había conocido. Quizás su preocupación no tenía base y veía fantasmas donde todo era claro como un día de primavera, pero en su interior algo le seguía removiendo las tripas y le animaba a proseguir preguntándose por esas diferencias tan significativas que tenía con ellos...
Dejó pasar el tiempo y se dedicó a encauzar su vida y comenzar a hacerse cargo de los negocios familiares...
La noticia saltó a la prensa y a la televisión a gran escala y en pocos días eran muchas las familias que habían denunciado el caso de sus bebés robados.... Niños y niñas que ahora tendrían su edad y que desconocían que no eran hijos de los que siempre habían considerado sus padres o pensaban que habían sido abandonados al nacer y el miedo no les dejaba investigar...
En los programas especiales de televisión, vio a padres angustiados pertenecientes a todas las regiones de España y en las entrevistas que les hicieron, surgió en muchas ocasiones el nombre del eminente doctor que le había comentado su tía Pura, que ayudó a que él viniera al mundo, así como el nombre de la clínica que dirigía y que no por casualidad era donde él nació...
La noche se la pasó en vela dando vueltas en la cama. Por la mañana, sin saber por qué, se dirigió a la Asociación que habían nombrado en uno de los citados programas. Allí, expuso sus dudas y esa contradicción con la sangre de sus padres... Explicó que no era adoptado, pero que desde lo más profundo de sus adentros, algo le había dicho siempre que buscara... En dicha Asociación, le hicieron pruebas de ADN, para compararlas con todos los casos denunciados en España y quedaron que al día siguiente llevaría algunos cabellos de su madre, para sacar de ellos también el ADN y así poder disipar las dudas que lo habían embargado durante demasiados años...
En pocos días lo llamaron por teléfono para que volviera a la sede de la Asociación, porque ya estaban los resultados de los análisis. Quedó en acudir a las cinco de aquella misma tarde...
Eugenio, se quedó mirando a la frágil Amalia, la mujer que lo había parido o la que lo había criado y cuidado siempre con cariño y se decidió a plantear el tema... No sólo plantearlo, le contaría todo y así le daría la oportunidad de explicarse, si es que tenía algo que decir, antes de acudir a la cita que aclararía por fin su vida... La blanca y delgada Amalia, aún palideció mucho más, cuando escuchaba a su hijo y todos los pasos que ya había dado sin que ella lo advirtiera... La mujer no le quedó otro remedio que confesar algo que su marido y ella, habían jurado llevarse a sus tumbas y que jamás contarían a nadie....
Amalia comenzó a contar como el doctor amigo de su marido, les animó a adoptar a un niño. Más adelante, les propuso que si ella fingía estar embarazada durante nueve meses, podría tener un hijo de ellos, que contaría y estaría inscrito como hijo legítimo y biológico del matrimonio. Según explicó el buen doctor, eran hijos de chicas que no querían o no podían hacerse cargo de ellos y habían dejado en sus manos la tarea de buscar a los bebés buenos hogares de familias unidas y con medios suficientes como para poder sacarlos adelante sin estrecheces. Miguel y Amalia, aceptaron el trato y cuando llegó la hora del parto, ellos también ingresaron "para que diera a luz Amalia". Así fue como salieron de la clínica con un precioso hijo varón, al que llamaron Eugenio. Miguel y Amalia, también se preocuparon de dejar trescientas mil pesetas de las de entonces, para que fueran entregadas a la verdadera madre como ayuda.
Llegó la tarde y Eugenio acudió a la cita, pero en esta ocasión también le acompañaba Amalia, que mostró entusiasmo en ayudar a su hijo a encontrar y conocer a sus verdaderos padres.
Lo que Eugenio no pudo ni imaginar, es que en la Asociación esperaban un matrimonio, tres chicas y un chico, que resultó ser sus padres y sus hermanos verdaderos. Gente sencilla de Santander, que habían viajado expresamente para conocer a su hijo, nada más tuvieron conocimiento del caso y el cien por cien de coincidencia en los análisis de ADN ...
Esta familia, ya estaba formada cuando Eugenio nació. No era una mujer sola y soltera la que había dado a luz, sino una mujer casada y que ya tenía otros dos hijos. A los padres verdaderos le dijeron que el niño había nacido muerto y que la clínica se encargaría del entierro y de todos los trámites y gastos. El padre insistió en ver al bebé y le presentaron uno que luego supo que tenían en un congelador para aquellos progenitores que no se conformaban con la palabra del médico.
Por supuesto, jamás recibieron dinero ni otra cosa que un informe contradictorio de la clínica, una tumba vacía y un sin vivir que hizo que jamás cesaran en la búsqueda de ese hijo perdido.
Eugenio, se encontró con una familia grande y maravillosa. Ahora tenía dos madres, un padre, cuatro hermanos y un montón de sobrinos, que rellenaron todos esos huecos que tenía vacío en su interior. Por fin tenía las respuestas y encajaban todas las piezas del puzzle de su vida.

Pueden encontrar muchas más historias en el siguiente enlace: http://www.elcuentacuentos.com/

8 comentarios:

*Sechat* dijo...

Una cróncia actual y dolorosa, pero muy bien contada en forma de relato. Me ha gustado, especialemente descubrir que Amalia, lejos de negar lo evidente o instigarle a que no buscase decidiera acompañarle, me parece un gesto muy hermoso por su parte. Besotes.

Miriam dijo...

Lamentablemente no todos los casos tienen un final así. Enhorabuena por haberte atrevido con un tema tan complicado y haberlo contado tan bien. Yo cada vez que escucho hablar de este tema pienso en el sufrimiento de esas madres a las que les dijeron que su hijo había muerto sin darles más explicaciones. Poderoso caballero es Don Dinero...

Helena dijo...

Hola Rocio ,un tema actual muy bien narrado .
Me alegro de "encontrarte2" de nuevo escribiendo relatos .
Seguiré entrando en esta para mí nueva casita.
Un abrazo
isa

arena dijo...

Te ha salilo el comentario como si fuera mi hija ,voy a entrar en mi bloguer para ponerme como seguidora tuya ,tambien te mandaré la direccción de mi blog

Carlos dijo...

Duro tema el que tratas en tu relato, en donde conjugas muy bien las sensibilades con el materialismo, y sobre todo separas con gran acierto lo que es el abandono de niños por parte de sus madres(en los múltiples casos que se den) del robo de niños sin que lo sepan sus madres.
Siendo esta segunda circunstancia algo mucho mas grave, y de consecuencias que pasado el tiempo pueden ser terribles o de un final como el que aquí tiene lugar.
Gran relato y grande el contenido que abarca.

Un abrazo Roc!

El mundo de Yas (Andrés) dijo...

Qué pena que cosas así hayan ocurrido, pero menos mal que en el caso de tu historia (ficticia o no) todo acabó bien (relativamente hablando).

Felicidades por esa historia.
Mundoyas.

Esther dijo...

Yo también pensé en escribir sobre esto. Vi un reportaje empezado en la tele,me pilló de casualidad y aluciné... Varios personajes aparecían: monja, médico, taxista... Era un alucine. Debe de ser muy impactante eso pero qué queda, ser fuerte.

Saluditos y encantada de conocer tu espacio.

atenea dijo...

Ufff qué duro, y saber que ha pasado en realidad con tanta gente lo hace más duro aún. Al menos Eugenio encontró a su familia y supo la verdad, más vale tarde que nunca, ¿no? Aunque eso no lo hace menos duro, claro está.

Me ha gustado la historia :)

Besos!!