Cuéntame para poder situarme

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domingo, 29 de mayo de 2011

Más allá del desamor


Cuentacuentos.-
Más allá del desamor

Veía llover a través de la ventana y mis lágrimas se entremezclaban con las gotas de lluvia que corrían por el cristal, si alguien veía mi imagen desde el otro lado. Él seguía mirándome impacible, como si nada pudiera hacerlo reaccionar ya....
-No pienso continuar aquí viendo como te destruyes cada día más. No quiero ver como sigues manipulando a todos y dañando sin motivo, sin razón y sin justicia...
¡Coge tus cosas y lárgate de una vez! ¿Acaso no has dejado ya demasiadas víctimas en el camino? Yo de ti tendría cuidado y me iría bien lejos... He oído lo que se anda diciendo y no quiero quedarme a recoger tus restos cuando te disparen un tiro en cualquier rincón...
Piensas que llegarás algún sitio utilizando a otros y empleando a fondo la maldad, pero no eres más que un simple ladrón y un asesino sin escrúpulos. No eres nada...!!
Mejor cuida lo que dices y no sigas presumiendo de lo que para otros sería vergonzoso e insoportable de sobrellevar.
¡Lárgate de aquí y sal de mi vida! Ya no existe el amor que te tenía ni nadie de los que trataron de ayudarte y tú lastimaste con crueldad. Sólo quedan recuerdos en mi cabeza y te aseguro que los olvidaré mucho antes de lo que imaginas....

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sábado, 21 de mayo de 2011

Las cárceles del alma



Cuentacuentos.-

Las cárceles del alma

Miró a ambos lados de la calle antes de cruzar aquella puerta. Era la puerta de su casa, de la que había tenido que salir hacía menos de un mes como alma que lleva el diablo. La misma puerta que había cruzado seis años antes, en los brazos del entonces su gran amor, llena de ilusión y proyectos de futuro. Una puerta que guardaba secretos inconfesables y situaciones imposibles de explicar por una mente medianamente en sus cabales....

Había permanecido escondida en una esquina más de tres horas, hasta ver como su aún marido salía para el trabajo. Con sumo cuidado y vigilando que nadie la viera, se dispuso a meter la llave en la cerradura, para poder sacar algunos de sus enseres personales. Huyó sólo con lo puesto, en una de esas noches que el alcohol y la locura le había hecho temer por su vida y por la de su hijo. Recogería rápido lo más imprescindible y saldría de allí con la misma vigilancia con la que entró....

Abrió una sábana de matrimonio encima de la cama y comenzó a poner en el centro ropa de su hijo y suya, sin elegir ni detenerse demasiado a comprobar si era la adecuada o la preferida de ambos. Igualmente sacó de los cajones todo lo que pudo y en lo que más tiempo perdió fue en buscar el libro de familia y otros papeles que posiblemente necesitaría en el futuro. Una vez metido todo en el hatillo improvisado, anudó bien las cuatro puntas de la sábana y con rapidez salió de la habitación de matrimonio, dirigiéndose de nuevo a aquella puerta que había sido demasiado tiempo las rejas imaginarias de su prisión. Justo en ese momento, alguien abría desde fuera. Retrocedió con espanto y la puerta se abrió...

-¿Qué haces aquí puta? -Le decía su marido con un brillo de odio en los ojos, que era demasiado familiar para Yolanda-

¿Dónde está mi hijo? ¿Quién te crees que eres para disponer de mi hijo y esconderlo? -Gritaba, mientras la zamarreaba y le escupía en la cara-.

De aquí sólo saldrás con los pies por delante. Eso tenía que haber hecho hace mucho tiempo. Tú no mereces ni desprecio. Eres la más inútil de cuantas mujeres he conocido y lo único que hay que hacer con tipas como tú es quitarlas de en medio y meterlas en un agujero en el cementerio donde dejen de tocarles los cojones a los hombres... Eres una hija de la gran puta y vas a pagar lo que has hecho.

Yolanda, no hubiera podido articular palabra aunque hubiese querido. Era mucho el miedo que tenía y lo único que se atrevía a hacer era recular más y más, hasta que vio la mano vuelta de su marido dirigirse hacia su cara... Trató de protegerse como pudo, tropezando en ese mismo momento, cayendo de espalda, golpeándose en la caída la nuca con el pico de la pesada mesa del salón.

Avisada la policía por las compañeras de la casa de acogida, fueron hasta el domicilio al día siguiente. Nadie contestaba y no se oía ningún ruido en el interior. También fueron al trabajo del marido, donde informaron que llevaba más de una semana de baja laboral por depresión.

La insistencia de la familia y de la Asociación de Mujeres Maltratadas, hizo que el inspector encargado del caso solicitase al juez una orden para abrir y entrar en la vivienda...

Tres días había pasado desde que Yolanda decidió ir a por sus cosas... Al abrir los agentes, se encontraron el cadáver de la mujer encima de la alfombra, en medio del comedor, sobre una gran mancha de sangre. El cuerpo del marido, estaba colgado de una viga en el lavadero...

La prensa informaba al día siguiente de otro crimen de género: La víctima, Yolanda Martínez, hacía el número treinta y uno en lo que llevábamos de año. Su asesino, Antonio Gómez, se había suicidado ahorcándose a continuación. La pareja dejaba huérfano a un hijo de cuatro años....

La puerta quedó precintada por la policía hasta esclarecer todos los pormenores del suceso...

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domingo, 8 de mayo de 2011

LA TRAMPA


Cuentacuentos.-

La Trampa

De todas las cosas que podría encontrar en esa cueva, no esperaba encontrarse con una guadaña apoyada en una roca. Buscó con sumo cuidado en todos los rincones del habitáculo, comprobando que no había nadie más en aquel lugar.... Se dirigió hacia la guadaña y sin tocarla, rodeó la roca donde se encontraba y la observó detenidamente, queriendo encontrar en ella alguna mueca, marca, grabación o nombre, que lo pusiera en la pista del dueño. Lo que era bien seguro es que quien había olvidado la guadaña en la roca, también había descubierto su refugio secreto. Aquel era su universo particular y no estaba dispuesto a dejar que nadie más supiera de su existencia....

Se adentró en la cueva, se quitó toda la ropa y se metió en las frías y cristalinas aguas subterráneas. Un hermoso lago debajo de la montaña que consideraba de su propiedad. Un sitio solitario y obscuro, donde sólo llegaba tenuemente algunos reflejos de luz desde la entrada de la cueva. Cerró los ojos y estuvo tendido en el agua un buen rato, como hacía a diario, desde que por suerte descubrió aquel recóndito lugar, alejado de toda civilización.

Ricardo, tenía una ruidosa taberna, donde el griterío de los clientes, la música a todo volumen y el humo denso, hacía que casi no pudiera respirar. Su trabajo era demasiado fatigoso y solamente soportable, pensando que al salir podría refugiarse en el mundo maravilloso y limpio de su cueva, donde sólo se oía el agua tintineante, como si de un maravilloso órgano se tratara.

Estaba Ricardo en el éxtasis de su baño, cuando de pronto algo le hizo abrir los ojos y allí estaba el dueño de la guadaña, portándola, vestido y encapuchado de negro olvido. Aquel extraño personaje puso su gran mano sobre el rostro de Ricardo y lo hundió con una fuerza sobrehumana. Ricardo, luchó y peleó todo lo que pudo para salir a tomar aire, pero aquel imponente ser se lo impedía...

A Ricardo no le quedó otro remedio que rendirse y dejar lo envolviese... La muerte se lo llevó con ella a un viaje hacia la nada.

Después regresó con su guadaña, para ayudar a otra persona a encontrar la cueva y dejar que se adueñara de ella, hasta que estuviera preparada a entregarse a las sombras del vacío infinito. No tenía prisa, esperaría a que llegara el momento oportuno...

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domingo, 1 de mayo de 2011

La Búsqueda sin tregua

El cuentacuentos.-

La búsqueda sin tregua

Y el día comenzó con un aire diferente, como si hubiese recuperado algo del pasado, algo que formaba parte de él y que le daba por fin las señas de identidad que tanto tiempo había estado buscando...
Todo comenzó cuando cientos de familias pusieron denuncias porque sospechaban que sus bebés habían sido robados al nacer en los años sesenta y setenta del siglo pasado. En realidad, para Eugenio había comenzado mucho antes, exactamente al cumplir los 16 años, cuando una epidemia que hubo entonces hizo que los médicos prepararan sangre por si los enfermos necesitaban transfusiones. Eugenio fue uno de los afectados, pero su grupo sanguíneo no correspondía ni al de su madre ni al de su padre. Eugenio tenía un grupo considerado rarísimo y no se pudo conseguir ninguna reserva para él. Por suerte sus defensas junto a los medicamentos administrados fue suficiente y el muchacho se recuperó sin dejarle ninguna secuela.
El hecho de lo sucedido durante su enfermedad, puso la mosca detrás de la oreja de Eugenio y comenzó a observar los parecidos que tenía con sus progenitores y hacer de forma casual algunas preguntas. No quería herir la sensibilidad de su madre y aunque la duda había enraizado en su interior, no podía exteriorizarlo, al menos hasta conseguir alguna prueba que aclarara un poco lo que había nacido dentro de él y que le hacía sentirse bastante inseguro.
Eugenio, creció como hijo único de una familia bastante tradicional y con posibles más que suficiente, como para haber tenido siempre todo lo que se le había antojado y poder cursar estudios en los mejores colegios de España. Podríamos decir que era lo que muchos llaman un niño de papá. Un soltero de oro codiciado por muchas jóvenes de la alta sociedad de Castilla. Sus estudios superiores los realizó fuera del país, como mandan los cánones en las familias de buena posición económica...
Su padre. era uno de los mayores empresarios del país y su madre, una mujer delicada, que se pasaba la vida entre desfiles de moda y presidiendo mesas de la Cruz Roja o de ayuda para el cáncer... Eugenio, a quien más preguntaba sobre su niñez, era a la tía Pura, hermana de su padre, una mujer alegre y con fama de no tener pelos en la lengua. La misma que siempre había sido la rebelde de la familia o la oveja negra, como solía decir su padre. Pero sus preguntas tuvieron pocas respuestas: Sólo sacó en claro que su madre no podía tener hijos cuando se casó y un eminente doctor en Madrid, la puso en tratamiento y logró quedarse embarazada. Él había sido un niño engendrado con mucho esfuerzo y que vino a la familia como una bendición del cielo...
Eugenio, acababa de regresar con su reluciente licenciatura bajo el brazo, cuando su padre, murió de un ataque cardiaco fulminante. El hombre recto y serio, no le dio tiempo ni de despedirse de los suyos, aunque en realidad siempre había sido parco en palabras y un desconocido incluso para su familia...
En los días de dolor que siguieron al fallecimiento del cabeza de familia, Eugenio tuvo la oportunidad de ver el libro de familia y comprobar que figuraba como hijo nacido de Miguel y Amalia, que era los nombres de pila de los padres que siempre había conocido. Quizás su preocupación no tenía base y veía fantasmas donde todo era claro como un día de primavera, pero en su interior algo le seguía removiendo las tripas y le animaba a proseguir preguntándose por esas diferencias tan significativas que tenía con ellos...
Dejó pasar el tiempo y se dedicó a encauzar su vida y comenzar a hacerse cargo de los negocios familiares...
La noticia saltó a la prensa y a la televisión a gran escala y en pocos días eran muchas las familias que habían denunciado el caso de sus bebés robados.... Niños y niñas que ahora tendrían su edad y que desconocían que no eran hijos de los que siempre habían considerado sus padres o pensaban que habían sido abandonados al nacer y el miedo no les dejaba investigar...
En los programas especiales de televisión, vio a padres angustiados pertenecientes a todas las regiones de España y en las entrevistas que les hicieron, surgió en muchas ocasiones el nombre del eminente doctor que le había comentado su tía Pura, que ayudó a que él viniera al mundo, así como el nombre de la clínica que dirigía y que no por casualidad era donde él nació...
La noche se la pasó en vela dando vueltas en la cama. Por la mañana, sin saber por qué, se dirigió a la Asociación que habían nombrado en uno de los citados programas. Allí, expuso sus dudas y esa contradicción con la sangre de sus padres... Explicó que no era adoptado, pero que desde lo más profundo de sus adentros, algo le había dicho siempre que buscara... En dicha Asociación, le hicieron pruebas de ADN, para compararlas con todos los casos denunciados en España y quedaron que al día siguiente llevaría algunos cabellos de su madre, para sacar de ellos también el ADN y así poder disipar las dudas que lo habían embargado durante demasiados años...
En pocos días lo llamaron por teléfono para que volviera a la sede de la Asociación, porque ya estaban los resultados de los análisis. Quedó en acudir a las cinco de aquella misma tarde...
Eugenio, se quedó mirando a la frágil Amalia, la mujer que lo había parido o la que lo había criado y cuidado siempre con cariño y se decidió a plantear el tema... No sólo plantearlo, le contaría todo y así le daría la oportunidad de explicarse, si es que tenía algo que decir, antes de acudir a la cita que aclararía por fin su vida... La blanca y delgada Amalia, aún palideció mucho más, cuando escuchaba a su hijo y todos los pasos que ya había dado sin que ella lo advirtiera... La mujer no le quedó otro remedio que confesar algo que su marido y ella, habían jurado llevarse a sus tumbas y que jamás contarían a nadie....
Amalia comenzó a contar como el doctor amigo de su marido, les animó a adoptar a un niño. Más adelante, les propuso que si ella fingía estar embarazada durante nueve meses, podría tener un hijo de ellos, que contaría y estaría inscrito como hijo legítimo y biológico del matrimonio. Según explicó el buen doctor, eran hijos de chicas que no querían o no podían hacerse cargo de ellos y habían dejado en sus manos la tarea de buscar a los bebés buenos hogares de familias unidas y con medios suficientes como para poder sacarlos adelante sin estrecheces. Miguel y Amalia, aceptaron el trato y cuando llegó la hora del parto, ellos también ingresaron "para que diera a luz Amalia". Así fue como salieron de la clínica con un precioso hijo varón, al que llamaron Eugenio. Miguel y Amalia, también se preocuparon de dejar trescientas mil pesetas de las de entonces, para que fueran entregadas a la verdadera madre como ayuda.
Llegó la tarde y Eugenio acudió a la cita, pero en esta ocasión también le acompañaba Amalia, que mostró entusiasmo en ayudar a su hijo a encontrar y conocer a sus verdaderos padres.
Lo que Eugenio no pudo ni imaginar, es que en la Asociación esperaban un matrimonio, tres chicas y un chico, que resultó ser sus padres y sus hermanos verdaderos. Gente sencilla de Santander, que habían viajado expresamente para conocer a su hijo, nada más tuvieron conocimiento del caso y el cien por cien de coincidencia en los análisis de ADN ...
Esta familia, ya estaba formada cuando Eugenio nació. No era una mujer sola y soltera la que había dado a luz, sino una mujer casada y que ya tenía otros dos hijos. A los padres verdaderos le dijeron que el niño había nacido muerto y que la clínica se encargaría del entierro y de todos los trámites y gastos. El padre insistió en ver al bebé y le presentaron uno que luego supo que tenían en un congelador para aquellos progenitores que no se conformaban con la palabra del médico.
Por supuesto, jamás recibieron dinero ni otra cosa que un informe contradictorio de la clínica, una tumba vacía y un sin vivir que hizo que jamás cesaran en la búsqueda de ese hijo perdido.
Eugenio, se encontró con una familia grande y maravillosa. Ahora tenía dos madres, un padre, cuatro hermanos y un montón de sobrinos, que rellenaron todos esos huecos que tenía vacío en su interior. Por fin tenía las respuestas y encajaban todas las piezas del puzzle de su vida.

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lunes, 18 de abril de 2011

Lamentable equivocación




Cuentacuentos.-

Lamentable equivocación


La complicidad se asomaba a sus ojos; “no dejarían pasar aquella oportunidad” ¿O sí...? La cuestión es que una pareja es cosa de dos y para nada vale la buena voluntad de uno de los miembros, si el otro no está dispuesto a mover ficha o es demasiado tímido o vacío para lanzarse al ruedo, como se suele decir. También hay que tener en cuenta que a los humanos nos es fácil equivocarnos, sobre todo en lo concerniente a los sentimientos en el amor....

Es cierto que parecían vivir en una nube, donde las sonrisas y las miradas delataban esa complicidad de la que tanto presumían. No necesitaban hablarse para comprenderse o para coincidir en los puntos de vista. También es cierto que salían siempre el uno en defensa del otro sin reserva. A veces, hasta parecía que se leían los pensamientos y eso lo palpábamos todos los que estábamos en su grupo de amigos. Dudábamos si eran dos o uno sólo en dos compañeros, porque a veces chocaba que la opinión de uno de ellos, fuera para el otro el evangelio, sin meditar siquiera las otras opciones vertidas en cuestiones concretas, que eran decisivas para toda la peña.

Lo que en verdad nos tenía a todos desconcertados era que dos personas tan diferentes de forma de ser, al menos hasta ese extraño enamoramiento, se hubieran vuelto tan iguales; máxime cuando antes no se tenían demasiado aprecio que digamos y eran como el día y la noche de distintos...

El hecho de aquel “amor inesperado” nos había cogido desapercibido a la mayoría y no terminábamos de encajar la situación (aunque siempre se ha dicho que los polos opuestos se atraen y en este caso se cumplía con exactitud).

No sé en qué momento tuvieron la oportunidad de conectar a solas. Yo misma, me había pasado un tiempo queriendo llamar la atención de Mario y nunca conseguí que me viera diferente a otras de los miembros de la pandilla.

Mario, era el típico chico interesado en todo lo que le gusta a los hombres y jamás estaba dispuesto a participar en nada que lo hubiese preparado una mujer (si es que no era arrastrado a ello por los amigos masculinos). Era el típico chaval dispuesto a poner el hombro y a acompañar a una juega a todos los compañeros varones que sufrían desengaños. A las chicas, en general, parecía no entenderlas. Casi se podría decir (o daba la impresión) que se había llevado una gran decepción en el pasado y que no se fiaba para nada del género femenino....

Patricia en cambio, era una chica que aparentaba estar un poco vacía y pija hasta la saciedad. Ella demostraba no estar interesada en nada que estuviera fuera de la moda, fiestas, conciertos o en ser la más popular dentro del Campus. Siempre aparecía seguida de un séquito de admiradoras que querían parecerse a ella. Claro está que sus padres podían permitirse darles todo lo que a la “niña” se le antojaba y siempre se adelantaba o era la primera en lucir o disfrutar de lo último....

Quizás sea verdad ese dicho de que “pueden más dos tetas que dos carretas” y Patricia tenía dos buenas razones de silicona. Dos buenas “domingas”, que es en definitiva era lo que obnubilaba a todos los hombres...

Patricia y Mario, fue la primera pareja que se formó dentro de los muros estudiantiles y eso hizo que el grupo de amigos, que habíamos logrado conectar desde el primer día, se resintiera en parte, separándose un poco. Nuestros protagonistas, ni siquiera lo advirtieron. Estaban demasiado ocupados en hacerse carantoñas para darse cuenta de nada más.

Al año siguiente, yo obtuve una beca en una universidad de Canadá y nunca más supe de ellos, hasta esta mañana, que al leer la prensa, venía en primera página un crimen pasional, donde el hombre “Mario”, había matado a su mujer “Patricia”, cortándole el cuello y luego se había quitado la vida de un disparo en la cabeza.

Parece que la complicidad pasó dejando al descubierto esas diferencias y verdades desnudas, que todos conocíamos. Todos menos ellos, que terminaron sin querer, con la buena onda de la panda, produciéndose un lógico alejamiento.

Quizás es que todos presentíamos lo que iba a ocurrir y nos daba miedo estar presente cuando se cayeran las vendas de Cupido...

No crean que soy insensible o inhumana. Me los hacía felices, titulados y separados. Nunca imaginé que no supieran cortar a tiempo...

Mario y Patricia, no quisieron advertir que lo que ellos llamaban complicidad, no era otra cosa que un montón de hormonas juveniles y recalentadas, danzando alrededor del fuego de la pasión e hicieron suyo ese dicho que dice: “Genio y figura, hasta la sepultura”, que supieron cumplir a rajatabla...

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sábado, 9 de abril de 2011

Cuentacuentos "El grito de los olvidados"

Cuentacuentos.-


El grito de los olvidados


Contó hasta tres y desapareció. Solía hacer eso mismo siempre que se veía en apuros. Era algo que había aprendido por casualidad cuando era muy pequeño y se encontraba en el internado.
Miguel, era un chico de apariencia normal, que se dedicaba a la ebanistería. Un oficio que le enseñaron entre palos y castigos, detrás de los muros de aquella olvidada institución, creada cien años antes de que él naciera y que había acogido desde entonces a esos niños que como él, eran encerrados y olvidados. Niños que incomodaban a la sociedad por haber sido frutos de amores prohibidos y clandestinos o porque nacieron con algún defecto y los padres prefirieron tenerlos a buen recaudo, para que nunca nadie supiera de su existencia. Niños que sus propios progenitores habían enterrado en vida y borrado sus recuerdos para siempre.
Aquel terrorífico lugar era el único hogar que había conocido Miguel, un superviviente, gracias a esa facultad de desaparecer justo en el momento oportuno. Jamás nadie de los que dirigían el orfelinato, se sintieron amenazados por aquel chiquillo de carácter apacible y con el don de no estar jamás en un lugar equivocado o comprometido. Debido a esas circunstancias y a saber tener la boca bien callada, pudo sobrevivir ante tanta crueldad y miseria como guardaban aquellos ojos grises, tristes y misteriosos.
A esas facultades detalladas anteriormente se unía que desde siempre había sido el mancebo del director del centro. Miguel no recordaba cuando comenzaron los abusos hacia su persona. Cuando tuvo uso de razón, ya era tocado y sodomizado casi todas las noches por el director del orfanato. No podía borrar de su boca, de su cuerpo ni de su cabeza el olor a alcohol, sudor y otros flujos del gordo director, que aunque siempre había sido su agonía, también podía decir que fue su salvación para haber escapado de allí con vida...
Hacía tres años que trabajaba en la carpintería del hermano del citado director del Santo Ángel, nombre que reflejaba bien poco los terribles crímenes y abusos que sufrieron durante más de un siglo, niños que no supieron pasar desapercibido como el protagonista de esta triste historia. Miguel, había sabido callar durante diecinueve años y lograría estar así todo el tiempo que fuera necesario hasta que dejaran de vigilarlo estrechamente y se sintieran confiados en que él seguía sin representar ninguna amenaza para nadie.
Dentro de su desgracia, se sentía un gran privilegiado, ya que con él, eran dos los chicos que habían logrado salir con vida de aquellos muros al alcanzar la mayoría de edad. El primero en lograrlo, estaba preso, pues nada más salir, se convirtió en un inhumano sicario, copiando lo que para él había sido cotidiano desde el día de su nacimiento. Lograron hacerlo una máquina de aniquilar a todos los que estorbaban y ahora era tan asesino como sus propios verdugos. Pero Miguel, no había perdido la cabeza ni se sentía culpable de esos horrendos asesinatos. Él se mantuvo cuerdo gracias a la promesa que hizo a sus únicos amigos, que murieron destrozados en sesiones de pedofilia, organizadas por los regentes de la institución y donde participaban personas poderosas e influyentes, que si supieron siempre lo que ocurría detrás de aquellas paredes y que en muchas ocasiones habían sido los ejetutores de aquellas tiernas e inocentes personitas, utilizándolos como objetos en sus macabras perversiones.
Esos sujetos de importantes posiciones, sus caras y sus nombres, permanecían intactos en la cabeza de Miguel, cuyo único fin que esperaba de la vida, era desenmascararlos ante toda la sociedad y hacer público lo que allí ocurría... No sólo se lo debía a sus amigos muertos y a él mismo, sino a ciento catorce niños, que seguían encerrados en aquel infierno y que él se sentía el elegido para su liberación...
La vida que Miguel llevaba fuera del internado era de lo más normal, trabajaba, veía la televisión, oía mucho la radio e incluso había ido al cine en algunas ocasiones, demostrando de este modo a sus controladores, que no era nadie que los pudiera perjudicar o comprometer... Lo que no sabían era que lo único que buscaba y esperaba Miguel, era el tiempo justo y la persona idónea que le pudiera ayudar a sacar todo a la luz...
Fue de este modo como dio conmigo. Yo soy una periodista dedicada a la radio desde mis comienzos. Una mujer que siempre ha luchado contra la injusticia y así lo he reflejado en cada programa que he realizado en los quince años que llevo de profesión.
Un día, que parecía que iba a transcurrir normal, recibí una llamada privada al programa, pidiendo por favor no salir a las ondas, por ser un caso sumamente delicado. Al principio pensé que se trataba de algún chalado, pero la curiosidad periodística pudo con la lógica de la razón y me puse al auricular, donde al otro lado de la línea comenzó mis charlas con Miguel, diciéndome que podía informarme de algo que me haría la periodista más famosa del momento... Un caso muy delicado que habría que estudiarlo a fondo. En honor a la verdad, ese primer contacto confirmó la hipótesis de que era un loco más de tantos como andan sueltos por el mundo. Sobre todo, porque no me daba nombres, teléfonos ni nada que pudiera corroborar que lo que decía era verdad, pero mi interés profesional, mi curiosidad humana y supongo que un poco el destino que todos tenemos, me hizo aceptar recibir en la dirección de la cadena, cartas a mi nombre, explicando poco a poco la cuestión. No podría contestar los escritos. Sería Miguel siempre el que llamaría o escribiría hasta saber que no se había equivocado al elegir a la persona...
Aquellas cartas y llamadas duraron más de un año y lo que allí se contaba hizo que yo pudiera poner en marcha un equipo de investigación, que ha dado como resultado la detención de todo el personal del centro, el cierre del mismo, el encarcelamiento de muchas de las personas del más alto nivel dentro de la sociedad, de fuera y dentro de la ciudad y la liberación de más de cien criaturas que estaban condenadas sin remedio...
A Miguel y su nombre real no pude conocerlo hasta que él estuvo bien convencido de que yo estaba dispuesta a destapar todo este sucio asunto.
Una vez terminado el proceso y desenterrados miles de cadáveres de niños, en el lugar que él había indicado, quise brindarle mi ayuda, tanto de amistad, como para que fuera tratado por profesionales que le ayudaran a superar todo lo que por desgracia le había tocado vivir, pero no aceptó. Un día desapareció, hace ya cinco años y nunca más he vuelto a saber de él. No sé si se encuentra con vida ni si está fuera o dentro del país. Es como si se lo hubiera tragado la tierra....

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lunes, 4 de abril de 2011

Cuentacuentos.- "El lenguaje de los ojos"




Cuentacuentos.-


El lenguaje de los ojos

Nunca antes había visto una mirada como la del tuareg que tenía enfrente en ese momento. Ojos negros, profundos, que parecían recorrer cada rincón de mi cuerpo sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. No sólo era aquella mirada penetrante. Era sus modales, su forma de vestir, el conocimiento que parecía tener de todo aquel misterioso paraje... Era un pirata del desierto y siempre me habían atraído los piratas y más si eran árabes y nómadas...
A la mañana siguiente, al despertar antes que el resto del campamento, vi su cabello semejante a las ondas que hacen las dunas en el desierto, pero de un negro azabache tan atractivo y oscuro como su mirada. No me pude contener y enredé aquellos brillantes rizos entre mis dedos. Él besó mis manos y echamos a andar por aquella arena roja, olvidando al resto del equipo que nos acompañaba. No recordé que también iba en el grupo mi marido hasta años más tarde... Pero yo seguía perdida en aquella interminable mirada que me dominaba por completo.
Jamás hemos entendido una palabra el uno del otro, pero tampoco ha habido nada que decir ni que comprender, que no lo pudieran expresar los ojos, las manos y las sonrisas...
Quizás lleven buscándome todo este tiempo, pero aún soy esclava de una mirada negra como el carbón, que ilumina mi vida como dos candiles encendidos, como dos luceros en la noche, que alumbra mi camino y mis sentidos.
Nunca he sido tan libre y tan presa a la vez. Nadie jamás podrá despertar mi cuerpo como lo hace esos maravillosos ojos sin los que ya no podría vivir...
Nada soy ni quiero ser, sin esa mirada que me traspasa y me subyuga hasta el frenesí...


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